Sabemos que no solo los vinilos y los libros han hecho un regreso, con tiendas nuevas apareciendo por todas partes. Yo personalmente solo hace algunos meses descubrí que la fotografía analógica (o "análoga"), también ha tenido un nuevo resurgir a partir de la pandemia. Y no hablo de que habemos algunos hippies nostálgicos consiguiendo cosas viejas y tratando de darles un uso, o que haya grupos de personas aficionadas en un nicho escondido en internet, sino que en el mundo está volviendo a tomar vuelo el mercado de la fotografía analógica en general. Kodak reabrió una fábrica completa para volver a producir cámaras y aumentar su producción de película fotográfica, vimos cómo Polaroid renació con la iniciativa "Impossible Project", y no han dejado de aparecer nuevas marcas de película, y hasta Nikon está volviendo a fabricar sus modelos más famosos.
Sanando al niño interior
No recuerdo exactamente cómo, pero cuando me enteré de esto intenté contactarme con una excompañera de instituto a quien le presté mi cámara SLR de infancia para un proyecto de la carrera (una Zenit 122, que usé quizás demasiado obsesivamente cuando chico). No logré dar con ella, pero se activó mi modo hiper-ñoño y comencé a investigar el mercado de cámaras usadas (que por lo que veo está en plena explosión en eBay). Investigué de todos los modelos que me gustan, y cómo comprar. Y sí, busqué y rebusqué en el mercado local también. Terminé por comprar una de las cámaras que siempre vi de lejos, como niño con la cara pegada en la vitrina de una tienda de juguetes: una Pentax Spotmatic SP. Tuve que pagar más de lo que esperaba, pero estaba en un estado insuperable, vendida muy cuidadosamente por un fotógrafo en Japón, y hasta con el fotómetro en perfecto estado. Solo tuve que mandar a cambiarle los sellos de luz.
Y otro dato revelador para los que no hayan indagado mucho (no pun intended): llevé mi cámara a un taller y le metí conversa al encargado (Photo Tronic), que lleva más de 40 años trabajando en ese mismo lugar, y me comentó que tras la pandemia también vio un resurgimiento enorme de la fotografía analógica, principalmente de jóvenes y adolescentes descubriéndola y llevando a reacondicionar las cámaras de sus padres o abuelos.
Como bien sabemos quienes tenemos una, la mayoría de las cámaras analógicas fueron construidas en una era en que se manufacturaba con la intención de que duraran para siempre, así que sí, para cualquier persona que tenga acceso a una cámara "vieja", es cosa de que le haga mantención y volverá a ser tan funcional como cuando estaba nueva, y ¡PAF! un nuevo aficionado o aficionada al mundillo (la mía tiene más de 50 años y sigue funcionando a la perfección).

Foto del primer rollo
No todo es maravilloso
Sin embargo, también descubrí el lado sombrío de la fotografía analógica de la actualidad: la avaricia de los fabricantes de película. Y algo me dice que se formarán muy interesantes conversaciones de esto por aquí.
Según lo que he estado averiguando, con el boom que ha generado este renacer, en lugar de invertir en más fábricas (en parte por no asumir riesgos), han subido y subido los precios como si no hubiera un mañana; y no puede dejar de hacerme sentir escalofríos lo real que suene esa frase. Culpo al late-stage-capitalism en que estamos sumergidos. Históricamente los precios de los rollos nunca superó las 3 lucas (el mismo 2020 vi rollos en el centro de Santiago a menos de 5k), durante décadas, y ahora cuestan en su mayoría alrededor de 15 lucas. Pero al mismo tiempo, pronto llegarán fuera de Europa las nuevas marcas de película que están intentando sanar el mercado.
"¿Y por qué sacar fotos así? Si la fotografía analógica no es PRÁCTICA :V"
No, no lo es. Tampoco es "práctico" poner un CD y escuchar un álbum de principio a fin sin playlists. Tampoco es "práctico" tener que buscar en Qwant o Yandex información de algún tema que a uno le guste en lugar de scrollear entre los anuncios de Google o en el súper bien entrenado algoritmo de TikTok. Tampoco es "práctico" tener que pensar en cada foto que vas a sacar y tener que esperar a que te revelen el rollo antes de ver cómo salieron las fotos de esa tarde en el parque. ¿Pero saben qué? Toda la practicidad que tienen las tecnologías que nos venden y fuerzan hoy en día, tiene un costo: la satisfacción. Quizás para muchos es algo inconsciente, ¿pero le han dado una vuelta en serio?
Pregúntenle a cualquier persona nacida hasta el 1990: ¿qué fue más satisfactorio?, ¿ir al Blockbuster a escoger una película, llevar algunos snacks, llegar a la casa a preparar el ambiente y sentarse a poner play después de toda una tarde de foreplay cinéfilo?, ¿o scrollear durante cuarenta minutos por cientos de películas hechas en serie en Netflix y terminar viendo una "para ver de qué es"?
Sí, hay cosas súper "prácticas", pero vemos películas, escuchamos música, leemos libros y sacamos fotos por satisfacción, por vivir una experiencia agradable y disfrutar el momento con nuestro hobby, no para cumplir con un índice de productiviad. Si lo que buscamos es disfrutar, lo razonable es elegir la experiencia que más nos haga sentir bien, y no la más eficiente.
Cuando estás limitado o limitada a 36 fotografías, cada vez que levantas la cámara para capturar un momento lo tienes que pensar bien, y eso me ha hecho pensar en dos efectos en particular:
- Cada foto tiene una intención, una planificación y una ejecución cuidadosa
- Al ver las fotos puedes recordar perfectamente el momento en que la sacaste, convirtiéndose cada una en un ancla a un recuerdo
Más gente hablando de esto
En este artículo de Vogue la autora habla de por qué ha habido este renacer de la fotografía analógica, de cuáles son los elementos que la hacen mucha más satisfactoria que la fotografía digital, y cómo las nuevas generaciones están rechazando el engaño de la practicidad y están redescubriendo medios mucho más gratificantes, como el vinilo, la ropa de calidad, la comida gourmet, y hace pensar en que no se trata de modas, sino todo lo contrario: el descubrir que tras todo este engaño, estábamos dejando atrás lo que antes era lo más valioso: la calidad.
Aquí el autor reflexiona acerca de qué está pasando con el mercado de la fotografía análoga hoy en día y cómo seguirá avanzando hacia el futuro. Hace mención de marcas como Leica y Nikon que están reiniciando la producción de cámaras analógicas, o Pentax que está acudiendo a sus antiguos ingenieros, ya jubilados, para que entrenen a las nuevas generaciones para volver a lanzar sus modelos estrella. Y observa cómo los fabricantes de película están "remando para el otro lado" y cavando su propia tumba ante nuevas marcas pequeñas que se están abriendo paso en un mercado de empresarios boomers demasiado ambiciosos.
¿Alguien de por aquí piensa algo parecido? ¿No estoy loco, verdad?